Lo que aprendí al seguir los deportes que más han crecido en popularidad
Durante varios años seguí de cerca la evolución de los deportes que más han crecido en popularidad con cierta desconfianza. Me parecían fenómenos mediáticos, burbujas que iban a desinflarse tan rápido como habían aparecido. El padel me parecía un deporte de club. El trail running, una moda de urbanitas que querían sentirse aventureros. Los esports, algo que no merecía el nombre de deporte. Me equivoqué en los tres casos, y la manera en que me equivoqué dice algo interesante sobre cómo funciona realmente el crecimiento deportivo.
El padel me convenció cuando vi los números de infraestructura
Fui escéptico sobre el padel hasta que vi una estadística que me cambió la perspectiva: el número de pistas de pádel en España se triplicó en menos de diez años. No estamos hablando de seguidores en redes sociales ni de búsquedas en Google. Estamos hablando de inversión física, de cemento y cristal, de negocios que alguien arriesgó dinero real en construir. Cuando la infraestructura permanente crece a ese ritmo, no es moda. Es demanda sostenida.
Luego comprobé que el fenómeno se replicaba en Italia, Suecia, Argentina, México. Federaciones activas en más de 90 países. Torneos con categorías para todos los niveles en ciudades medianas. El padel había resuelto algo que el tenis no había podido: ofrecer competición accesible a adultos sin mucha experiencia previa, en un formato de dobles donde la barrera de entrada es notablemente más baja. Mi escepticismo no resistió ese argumento.
El trail running me sorprendió por su comunidad, no por sus cifras
Las estadísticas del trail running impresionan: inscripciones que crecieron entre 40 y 60% en varios países después de 2020, más de 20.000 carreras celebradas globalmente en 2024, ultramaratones con listas de espera de miles de personas. Pero lo que me convenció de que este crecimiento era real no fueron los números. Fue la gente.
Las comunidades de trail running tienen una cultura de apoyo entre participantes que no encuentro en otros deportes de resistencia masificados. En una carrera de trail de 200 personas, los corredores que van en cabeza animan a los que van a medio recorrido. Los últimos en llegar reciben tanto aplauso como los primeros. Eso retiene a los nuevos participantes mejor que cualquier campaña de marketing. No es nostalgia ni romanticismo, es un modelo de comunidad que funciona como mecanismo de fidelización.
Los esports me obligaron a revisar mi definición de deporte
Este fue el cambio de perspectiva más difícil. Durante mucho tiempo argumenté que los esports no eran deporte porque no implicaban esfuerzo físico sustancial. Luego leí sobre los regímenes de entrenamiento de jugadores profesionales de League of Legends: ocho o diez horas de práctica diaria, entrenadores de rendimiento mental, fisioterapeutas para problemas de muñeca y espalda, psicólogos deportivos. Eso no suena a hobby, suena a atletismo de alto rendimiento con un componente físico diferente al convencional.
Los 540 millones de espectadores que los esports reunieron en 2023 tampoco se explican solo por el entretenimiento. Hay competición genuina, habilidades que se desarrollan con práctica intensa y resultados que dependen del rendimiento bajo presión. Puede discutirse si la definición de deporte debe incluirlos, pero negarles crecimiento o legitimidad cultural resulta cada vez más difícil.
Lo que aprendí sobre el crecimiento deportivo en general
Seguir estos deportes durante años me enseñó tres cosas que no esperaba. Primera: el crecimiento real siempre deja huella en la infraestructura. Los deportes que crecen de verdad generan instalaciones, federaciones y mercados de equipamiento. Los que solo generan ruido mediático no dejan esa huella.
Segunda: la comunidad importa más que el deporte en sí. Los nuevos practicantes de padel, trail running y escalada deportiva no se quedan por el deporte, se quedan por la gente. Un deporte sin comunidad pierde practicantes con la misma facilidad con que los gana.
Tercera, y quizás la más importante: el escepticismo sistemático sobre lo nuevo suele ser tan poco riguroso como el entusiasmo desmedido. Ambos impiden ver los datos con claridad. Los deportes que crecieron en los últimos diez años no crecieron porque estuvieran de moda. Crecieron porque resolvieron necesidades reales de personas que el deporte tradicional no había sabido capturar. Eso merece reconocimiento, aunque uno haya tardado en darlo.